Tu web no necesita más secciones. Necesita menos.

Casi todos los briefs de rediseño empiezan igual: con una lista de cosas que añadir. Una página de valores. Un apartado de novedades. Una sección para el equipo. Un blog. Y así hasta que el menú tiene nueve entradas… y el visitante, ninguna respuesta.
Auditamos webs cada semana, y el patrón se repite en ocho de cada diez: sitios que quieren decirlo todo y acaban sin decir nada. Cuanto más metes, más entierras lo único que esa persona vino a buscar. Una web no se arregla sumando. Casi siempre se arregla al revés: quitando.
La regla: una pregunta por sección, o fuera
Ponte en la silla de quien entra. No viene a admirar tu arquitectura de información; viene con una pregunta en la cabeza. ¿Esto qué es? ¿Me sirve a mí? ¿Cuánto cuesta? ¿Me puedo fiar? ¿Y ahora qué hago?
Cada sección de tu web tiene que responder una de esas preguntas. Una. Si no responde ninguna —si está ahí porque «toca tenerla» o porque la vimos en la web de un competidor—, no es contenido: es ruido con fondo de color. Y el ruido se paga: cada scroll de más es gente que se va antes de llegar a lo que de verdad importa.
Cada sección que no responde una pregunta del visitante está contestando otra: por qué se ha ido.
Las cinco que casi siempre sobran
1. Misión, visión y valores. Nadie ha contratado a nadie por leer que «la excelencia nos define». Ocupa una página entera y no responde ninguna pregunta. Qué hacer con ella: bórrala. Si tenéis un valor que de verdad os distingue, se demuestra con cómo trabajáis, no con un sustantivo abstracto.
2. El carrusel del home. Ese slider con cinco mensajes que rotan cada cuatro segundos. Nadie espera al segundo mensaje, y cinco rotando es tu manera de admitir que no sabes cuál es el importante. Qué hacer: quédate con uno, el que más vende, y déjalo quieto.
3. El blog congelado. «Últimas noticias», con la última de hace dos años. No genera confianza: la destruye —le dice al visitante que esto está abandonado—. Qué hacer: o publicas de verdad, o le quitas las fechas y lo conviertes en recursos que no caduquen. Un blog muerto es peor que no tener blog.
4. «Nuestro proceso» en ocho pasos. Descubrimiento, análisis, estrategia, implementación… el mismo diagrama que tiene tu competencia, palabra por palabra. No dice nada precisamente porque lo dice todo el mundo. Qué hacer: quédate con lo que es distinto en vuestra forma de trabajar y funde el resto en dos frases.
5. El muro de logos sin contexto. Veinte logotipos de clientes en gris, mudos. No impresionan a nadie porque no se entiende qué hicisteis para ellos. Qué hacer: cambia diez logos callados por dos casos con resultado. Un logo dice «trabajamos con ellos»; un caso dice «y esto es lo que conseguimos».
Las tres que casi siempre faltan
1. El precio, o al menos una horquilla. La pregunta que se hace todo el mundo y casi nadie responde. Esconderlo no te ahorra la conversación incómoda: solo la retrasa, y encima filtra al revés (te escribe quien no encaja; quien sí encajaba se ha ido a quien sí lo pone). Qué hacer: un «desde», un rango, un proyecto tipo con su número. Lo que sea antes que el silencio.
2. Para quién no es esto. Suena raro y funciona. Decir a quién no sirves hace que quien sí encaja se sienta en el sitio correcto… y te ahorra las reuniones con quien no iba a contratarte jamás. Qué hacer: una línea honesta, del tipo «si buscas lo más barato, no somos nosotros».
3. Qué pasa cuando le das a «contactar». La mayoría de webs terminan en un formulario y un vacío. ¿Me respondéis hoy o dentro de dos semanas? ¿Hablo con un comercial o con quien va a hacer el trabajo? Qué hacer: dilo, en una frase. «Te contestamos en 24 horas, sin compromiso, y al otro lado hay una persona.» El último empujón es el que más se olvida… y el que más convierte.
Cómo decidir sin montar un comité
Haz una cosa esta semana: abre tu web, lista todas las secciones en una columna y, al lado, escribe la pregunta del visitante que responde cada una. Las que se queden con la casilla en blanco —lo verás en dos minutos— ya sabes lo que toca.
No es un rediseño de seis meses ni una reunión de agencia con acta. Es una tarde y una columna. Pero probablemente sea la tarde que más va a mejorar tu web en todo el año.
Menos secciones, más puntería.