Aquí no vendemos humo: cómo escribimos las propuestas (y por qué las firman)

Casi todas las propuestas de agencia se parecen. Portada bonita, tres páginas de quiénes somos, un moodboard que no compromete a nada y, al final del todo, un número redondo sin desglosar. Es teatro. Y el teatro, curiosamente, se cobra caro.
Nosotros escribimos las propuestas al revés: primero lo incómodo. Cuánto cuesta, cuándo estará y qué no vas a recibir. Sin esa parte, una propuesta es una carta de intenciones con buena tipografía. Con ella, es un compromiso que las dos partes pueden firmar. Y las firmamos: nosotros y tú.
Si tienes que esconder el precio, el problema no es el precio. Es la propuesta.
1. El precio, en la segunda página
No en la última, escondido detrás de la palabra inversión. En la segunda, desglosado por partidas, para que veas a dónde va cada euro antes de leerte nada sobre nosotros.
Cuando el precio va al final y sin desglose pasa una de dos cosas: o estás jugando a que el número asuste menos después de veinte diapositivas de autobombo, o ni la agencia ni tú sabéis realmente qué entra ahí. Las dos son malas señales.
Nosotros ponemos el importe, las horas estimadas y qué incluye cada línea. Si una partida te sobra, la quitas y baja el total; no hay que negociar un descuento, hay que quitar trabajo. Un presupuesto no es una caja negra: es una lista de decisiones, y las decisiones se toman contigo, no en una reunión interna a la que no estás invitado.
2. Un calendario con hitos comprobables
Entre seis y ocho semanas no es un plazo. Es un encogimiento de hombros con formato de fecha.
Un hito comprobable es algo que puedes mirar tú y decir esto está o esto no está, sin depender de nuestra palabra. Entregable, fecha y responsable. Por ejemplo: wireframes el día 12, contenido cargado el 26, entorno de pruebas abierto el 3. Si nos retrasamos, se ve. Y si te retrasas tú —porque el contenido casi siempre es la parte que se atasca en tu lado—, también se ve, y ajustamos el resto sin dramas ni facturas sorpresa.
Un calendario honesto protege a todos. Sobre todo protege la relación, que es lo único que de verdad nos interesa cuidar. Aquí no queremos clientes, queremos socios, y un socio te dice la fecha real, no la que te deja tranquilo hoy.
3. Qué NO incluye, por escrito
Esta es la sección que más se agradece a los tres meses, y la que casi nadie se atreve a poner.
El noventa por ciento de los marrones entre cliente y agencia no vienen de lo que estaba en la propuesta. Vienen de lo que cada uno daba por supuesto que estaba. Que si el copy lo escribíamos nosotros. Que si las fotos las ponías tú. Que si el mantenimiento iba dentro o aparte.
Así que lo escribimos. Una lista corta y clara de lo que no entra en este presupuesto: contenido y textos, licencias de terceros, campañas de pago, ese rediseño de logo que salió en una reunión pero nunca llegaste a encargar. No es letra pequeña para cubrirnos; es la manera más rápida de que nadie se lleve un disgusto el día de facturar.
Y por qué las firman las dos partes
Porque una propuesta que solo firma el cliente es un pedido. Una que firmamos los dos es un acuerdo.
Cuando ponemos nuestro nombre debajo de un precio, un calendario y una lista de exclusiones, estamos diciendo algo concreto: esto es lo que vamos a hacer, así, y respondemos por ello. No es un gesto legal —para eso ya está el contrato—, es una forma de trabajar. El día que una propuesta nos dé vergüenza firmarla, sabremos que la hemos escrito mal.
Menos PowerPoint, más puntería.